sábado, 10 de marzo de 2012

"De panzazo" o cómo trivializar la educación


De panzazo o cómo trivializar la educación
Hugo Casanova Cardiel
A pesar de la explícita intención de reflejar la realidad del sistema educativo de México, en el documental De panzazo la complejidad educativa nacional queda reducida a su mínima expresión. Las potencialidades del documental como lenguaje cinematográfico, así como su intrínseco valor informativo se ven malogradas por un trabajo que, lejos de ofrecer una visión consistente de la educación, presenta un discurso efectista y una interpretación inexacta.
En el documental imperan las generalizaciones y de manera indistinta se habla de la educación o del sistema educativo, como si los niveles que abarcan de preescolar a posgrado cupieran en un mismo cajón, o como si los estudiantes, maestros y directivos pudieran ser agrupados sin importar su adscripción institucional y regional. En el tratamiento de los mexicanos se alude a un concepto sin fisuras, en el que no existen diferencias sociales o laborales (no importa si el niño desayunó o no lo hizo y si los padres tienen o no trabajo). Tampoco existe distinción alguna sobre el capital cultural como factor directamente asociado al logro escolar de niños y jóvenes. Así, la obra está permeada de ideas del tipo todos los mexicanos contamos con las mismas oportunidades para educarnos o el que no estudia es porque no quiere.
También se advierte la ausencia de temas cruciales para la comprensión del fenómeno educativo, tales como el uso mayormente demagógico de la evaluación, la insuficiencia de los exámenes estandarizados (Pisa y Enlace) como instrumentos para generar comparaciones válidas, o las cambiantes estrategias gubernamentales que durante los años recientes han cuestionado el papel de la educación como bien público.
La educación en México es un territorio de contrastes y al lado de sus graves problemas también pueden apreciarse condiciones de logro. En tal sentido, resulta paradójico que un trabajo que hace gala de su vocación informativa carezca de referencias exitosas que podrían configurar una interpretación más fiel. Porqué no hablar de los estudiantes que en condiciones adversas viajan por horas con la indeclinable voluntad de atender sus clases; o de los estudiantes que, habiendo culminado sus estudios en el sistema educativo mexicano, acuden a prestigiadas universidades de las llamadas de clase mundial; o de los maestros que cubren con honor su encargo social y se entregan cada día a la formación rigurosa de niños y jóvenes; o de las madres y padres que independientemente de sus condiciones económicas o su formación académica, colaboran con sus hijos.
El tratamiento a quienes asisten al documental es por demás cuestionable, pues en lugar de ser tratados como ciudadanos que de manera voluntaria y generosa acuden a una propuesta cinematográfica, son provistos de unas papeletas de colores y sumados casi en automático al proyecto que rodea al documental. Reconociendo el absoluto derecho de todos los mexicanos a participar en la discusión de los problemas del país, resulta sorprendente el afán de los realizadores del documental por encabezar una campaña que enfrente la crisis de la educación en México. En breve, ni la asociación civil que lo anima, ni el entorno empresarial que lo patrocina, cuentan con la autoridad o atributos intelectuales para una tarea de tales dimensiones.
El pretendido liderazgo resulta todavía más incomprensible pues los realizadores del documental, estrechamente relacionados con el poder mediático del país, omiten toda referencia al papel de la televisora con mayor arraigo en nuestro país y que por años ha ejercido un deplorable papel en la formación de los mexicanos a través de sus noticiarios, de sus programas de diversión o cultura; e incluso, a través de las telenovelas, ya definidas hace unos meses por el titular de la SEP como poderoso instrumento educativo (La Jornada, 18/03/2011).
Sin embargo, uno de los grandes silencios del documental es la relación de la maestra Gordillo con dos personajes centrales de la vida nacional: Felipe Calderón y Emilio Azcárraga Jean. Cómo explicar la presencia de la dirigente en el proceso electoral de 2006 y los ulteriores beneficios que obtuvo en posiciones clave del gobierno federal, así como su papel central en la llamada Alianza para la Calidad Educativa en 2008. Y cómo entender los convenios de la cúpula del SNTE con Televisa, el más reciente Todo el mundo cree que sabe, presentado como una apuesta por la educación de calidad y para el cual el sindicato aportó 150 millones de pesos ¿No es pertinente esa información? ¿En qué medida los graves problemas de la educación nacional han estado relacionados con los arreglos de las elites sindical, política y empresarial?
De cara al momento que vive México, es cada vez más urgente que la problemática educativa sea atendida desde una óptica que valore su complejidad y articulación con los grandes problemas de la sociedad. Ello demanda la participación de esos ciudadanos calificados y comprometidos que el sistema educativo mexicano ha logrado formar a lo largo de su historia.
Campaña contra los maestros de educación pública
Manuel Pérez Rocha
En las semanas recientes, decenas de miles de maestros de la CNTE se han manifestado en varios estados de la República por una auténtica profesionalización del magisterio y en contra de las condiciones laborales impuestas por la SEP y el SNTE. De inmediato, en la prensa, la radio y la televisión se han descalificado dichas manifestaciones.
Tanto en nuestro país como en Estados Unidos continúa la campaña contra los maestros de educación pública, la educación pública misma y los sindicatos y otras organizaciones de maestros. El punto de partida de estas campañas es un juicio sumario, demoledor, acerca del desempeño de escuelas y maestros, sustentado en los resultados obtenidos por los estudiantes en las pruebas estandarizadas nacionales (en México la prueba Enlace) e internacionales (como la prueba PISA de la OCDE).
En estas páginas se ha señalado la falta de fundamento y mala fe de ese juicio, es necesario reiterarlo. Por una parte, todos los estudios de especialistas han demostrado que las pruebas estandarizadas y sus resultados deben tomarse con muchas reservas, pues incluso conducen a políticas equivocadas; por otra, bien se sabe, en los resultados de la educación intervienen de manera definitiva múltiples factores sociales, económicos y políticos, intencionalmente eludidos por esos detractores de la educación pública. Quienes desde los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) abordan este tema hacen caso omiso de esas advertencias y exponen como verdad incuestionable los sistemas educativos son un desastre total y los culpables son los maestros. La superficialidad de esos juicios, las generalizaciones inválidas y su tono dramático ponen en evidencia la intención política de esas campañas.
Entre las acciones impulsadas por los enemigos de la educación pública en Estados Unidos, con el pretexto de resolver el problema de la calidad de la educación, se encuentra el refuerzo en la aplicación de pruebas estandarizadas a los estudiantes y múltiples proyectos y maniobras para la privatización de las escuelas. Estas medidas son impulsadas por los republicanos, por organismos y fundaciones de derecha y por el gobierno federal, independientemente del partido que lo ocupe. Una de las modalidades de privatización más extendidas lo constituyen las escuelas concesionadas (charter schools), de sostenimiento público, pero dirigidas y administradas por intereses privados (en muchos casos intereses lucrativos), autorizadas incluso a establecer sus propios planes de estudio.
Después de un breve periodo en el cual esas políticas aplicadas en Estados Unidos despertaron entusiasmo, ahora se constata que los resultados son opuestos a los esperados. La doctora Diane Ravitch es especialista en historia de la educación y en análisis de políticas educativas, profesora de la Universidad de Nueva York, autora de una docena de libros y subsecretaria de Educación en los gobiernos de George H. W. Bush y Bill Clinton. Antes entusiasta promotora de esas medidas, desilusionada ahora afirma: Ya no creo que esos enfoques generen el impulso de mejoramiento que todos esperamos para la educación estadunidense, y añade: “En la principal evaluación nacional 17 por ciento de las charter schools obtuvieron resultados superiores, pero 46 por ciento no tuvieron resultados diferentes a los de las demás y 37 por ciento tuvieron resultados peores que los de las escuelas públicas”. Y concluye: “Las pruebas estandarizadas de alta exigencia, las metas utópicas, los castigos draconianos, el cierre de escuelas, la privatización y las charter schools no funcionan. El mejor predictor de un bajo desempeño académico es la pobreza, no los malos maestros”.
Las expresiones de la doctora Ravitch son sólo un ejemplo de los juicios del medio académico estadunidense acerca del embate contra la educación pública, la privatización de la educación y la estigmatización de los profesores. Ella suma ahora su esfuerzo al de otros 200 prestigiados académicos estadunidenses, especialistas en educación, que impulsan la campaña por un Enfoque amplio y sólido de la educación (reseñada aquí hace un año), iniciativa del Instituto de Políticas Económicas, con sede en Washington.
Un instrumento de propaganda contra la educación pública en Estados Unidos, que ha tenido amplísima difusión, es el documental titulado Esperando a Superman. En México ya se hizo una versión casera, el documental De panzazo, producido por el organismo privado Mexicanos Primero. Podremos analizarlo en unos dos meses, cuando se exhiba al público. Del documental estadunidense la doctora Ravitch afirma: “Es propagandístico (a favor de las charter schools y anti escuelas públicas), está plagado de mitos y con una demanda por lo menos profundamente equivocada. En los adelantos difundidos del documental mexicano De panzazo se observan también estos afanes.
Nadie debiera ignorar la complejidad de la tarea educativa, quizá la más compleja tanto para los individuos como para la sociedad; quienes la simplifican, de la manera en que lo hace la propaganda de la derecha estadunidense en contra de los maestros y la educación pública, engañan y evidentemente persiguen fines no confesados. En México, la Secretaría de Educación Pública, asesorada por la OCDE y organismos privados como Mexicanos Primero, ha puesto también en el banquillo de los acusados a los maestros y las escuelas, convirtiéndolos en chivos expiatorios de todos los males del país.
Este bloque de intereses sigue al pie de la letra el guión trazado por la derecha estadunidense; sin el menor asomo de análisis y juicio crítico acerca de nuestra realidad y nuestra historia, impone políticas administrativas draconianas: evaluaciones universales mecanizadas, sistemas de estímulos económicos, pagos por resultados, resultados medidos en función de las endebles y perniciosas pruebas estandarizadas a los estudiantes. Todas estas medidas, enmarcadas en la llamada Alianza por la Calidad de la Educación, acordada con la dirección del SNTE, lejos de propiciar que los maestros se conviertan en profesionales de la educación, los harán burócratas mecanizados, motivados por intereses egoístas opuestos a los requerimientos de una educación de verdadera alta calidad.
Los copiones educativos
Luis Hernández Navarro
Curiosa coincidencia. Copiones que somos en México. En enero de 2010 se presentó en el festival de Sundance la película Waiting for Superman. Meses después, a finales de octubre de este mismo año, se exhibieron en el festival Internacional de Cine de Morelia avances de la película ¡De panzazo!: el drama de la educación en México. Ambos documentales tienen dos elementos centrales en común: critican la educación pública en sus países y están financiados y avalados por importantes personajes del mundo empresarial.
Waiting for Superman está dirigida por Davis Guggenheim, autor de Una verdad incómoda. Ganó el Audience Award en el último Festival de Sundance. En ella participa Bill Gates. Aunque el filme está realizado por un liberal, la prensa conservadora lo elogió efusivamente. No es casualidad. La película ataca beligerantemente a los sindicatos magisteriales en Estados Unidos, critica a los maestros y hace un llamamiento a la privatización de la educación pública. De paso olvida mencionar pequeños detalles, como que el financiamiento estatal a la educación ha disminuido drásticamente. Algunos de los más serios investigadores en asuntos educativos de ese país han señalado que la cinta es deshonesta, carece de transparencia, está llena de verdades a medias y de desinformaciones.
¡De panzazo!: el drama de la educación en México es un documental de Juan Carlos Rulfo. En su realización participó Carlos Loret de Mola y el manejo de cámaras estuvo a cargo de alumnos de secundaria. Es un ejercicio fílmico al estilo de Michael Moore. Rulfo asegura que se inspiró en los resultados del estudio Contra la pared, de Mexicanos Primero. El documental fue financiado por Alejandro Ramírez, primer director de Mexicanos Primero e hijo del dueño de Organización Ramírez-Cinépolis. En la cinta es evidente la intención de criticar a Alonso Lujambio y a Elba Esther Gordillo, haciéndola responsable del caos educativo, en la misma tónica del discurso de las ONG del mundo empresarial y de los informes de la OCDE.
Como en Estados Unidos con Waiting for Superman, la cinta de Juan Carlos Rulfo forma parte de la ofensiva de la derecha empresarial contra la educación pública en México. A la cabeza de ella se encuentra la fundación Mexicanos Primero, los dos informes que ha elaborado, y la intensa campaña mediática que los han acompañado.
Según su presidente, Claudio X. González, el estudio Brechas: estado de la educación en México 2010, presentado el pasado 16 de noviembre, pone énfasis en la marcada desigualdad de oportunidades educativas en México. Concluye, de manera gravosa, que la escuela mexicana no es el instrumento de movilidad social que debería ser. Entre más necesitada la familia, más pobre es la calidad de la educación que reciben sus hijos. En parte así se explica la profunda y lacerante inequidad que se vive en México y la casi nula movilidad social que es otra herida nacional. Es decir, la escuela no combate o compensa de manera eficaz la desigualdad y la injusticia. Más bien parece perpetuar la condición social de cada cual.
El planteamiento no es novedoso. Es una copia de la visión educativa que se encuentra detrás de la cuestionada legislación estadunidense Que ningún niño se quede atrás (No child left behind), cuyo objetivo es mejorar la educación de todos los niños y medir la calidad de la educación a través de exámenes estandarizados de opción múltiple, responsabilizando a las escuelas por los resultados escolares. Pero, además de no ser original, está profundamente equivocado. Las escuelas por sí mismas no pueden superar las brechas de las desigualdades socioeconómicas. Pueden, sí, amortiguar algunos de sus efectos más perversos y promover circunstancialmente movilidad social.
Como señala la plataforma A broader, bolder approach to education, la evidencia demuestra que la superación de las brechas basadas en el estatus socioeconómico está presente incluso antes de que los niños inician su educación formal. A pesar de los impresionantes logros académicos de algunas escuelas que atienden a los estudiantes en desventaja, no hay pruebas de que las estrategias de mejora de la escuela por sí mismas pueden superar, coherente y de manera sostenible estas brechas. Sin embargo, existe sólida evidencia de que las políticas encaminadas directamente a superar las desventajas sociales y económicas relacionadas con la educación pueden mejorar el rendimiento escolar y logros de los estudiantes. Por supuesto, nada de esto dicen los informes de Mexicanos Primero.
El informe busca presentar a los maestros mexicanos como trabajadores irresponsables y privilegiados. Una de las herramientas para lograrlo es presentarlos como profesionistas corruptos que disfrutan de varias plazas simultáneamente. El documento señala que 75.9 por ciento por ciento de los docentes (802 mil 490) tiene sólo una plaza de jornada completa, mientras 17.8 por ciento (187 mil 754) tienen dos, y el resto (6.3 por ciento), tres o más.
Ciertamente hay casos de corrupción entre el magisterio promovidos por el liderazgo sindical afín a Elba Esther Gordillo y a las autoridades de la SEP. A los dirigentes oficialistas se les asignan las mejores plazas de manera discrecional. Pero no es el caso de la inmensa mayoría de maestros. Un profesor con la plaza base más baja percibe apenas 3 mil 200 pesos quincenales líquidos (después de descuentos). Con eso debe vivir. Y por eso, muchos buscan una doble plaza. Para poder tenerla los maestros deben pasar por un proceso de compatibilidad en el que la autoridad analiza las horas clase y el tiempo de traslado a las distintas escuelas donde enseña. Si no cumple con los requisitos, la doble plaza se le niega.
La ofensiva de la derecha empresarial mexicana abreva teóricamente del asalto a la educación pública en Estados Unidos, país en que los niveles educativos, fuera de las universidades de excelencia, es bastante pobre. Sin embargo, el modelo que se quiere copiar en nuestro país ha dado resultados pobres y limitados, cuando no francamente contraproducentes. Copiones que son nuestros empresarios.
Verdades incómodas
Nueva York y el negocio de la educación pública
El enfoque empresarial de los reformadores califica de fracaso el actual sistema
Las llamadas escuelas charter son presentadas por Bloomberg como la salvación
David Brooks
Corresponsal
Nueva York, 30 de diciembre. El sistema de educación pública más grande de Estados Unidos es ahora manejado como un negocio encabezado por ejecutivos empresariales, cuyas reformas son promovidas por algunos de los hombres más ricos del planeta, incluyendo especuladores financieros, quienes han convertido este sector en un mercado de educación en que los maestros son empleados que sirven a clientes.
Todo siempre en nombre de los niños, pero en efecto, con el modelo empresarial. En sus discursos, el secretario saliente de Educación de Nueva York, Joel Klein, reiteraba que el ingrediente secreto del éxito de Estados Unidos es el espíritu empresarial, y que ese era el objetivo de la educación. Por tanto, no fue sorpresa que al concluir este mes sus ocho años en el puesto, Klein anunció que su nuevo empleo será como vicepresidente para mercadeo educativo de News Corp, la trasnacional de medios dirigida por el ultraconservador Rupert Murdoch, y que su tarea ahora es mejorar la posición de esa empresa en el mercado de la educación.
Al anunciar la transición de su jefe de educación en noviembre, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, elogió a Klein por ayudar a los más de un millón de estudiantes neoyorkinos, a los que llamó clientes, a tener éxito en el siglo XXI. Ahí mismo anunció que nombraría a una administradora de clase mundial para sustituirlo, Cathleen Black, ejecutiva en jefe de Hearst Magazines –la gigantesca empresa de revistas comerciales– y también integrante de la junta de directores de Coca-Cola.
Subrayó que para encabezar el Departamento de Educación de la ciudad no se necesitaba a una pedagoga –ya que Black tiene nula experiencia en asuntos educativos (al igual que Klein, quien llegó después de ser un abogado en Wall Street y fiscal federal)–, sino una ejecutiva que pueda manejar esa enorme burocracia.
Este enfoque empresarial para promover la reforma del sistema de educación en esta ciudad forma parte de un debate nacional en el que los reformadores en el poder han declarado que el sistema de educación pública es un fracaso, que los cada vez más escasos recursos no son el problema, sino el hecho de que los resultados sean deplorables, porque hay tantos maestros malos protegidos por sindicatos demasiado poderosos, que se tienen que crear alternativas, sobre todo escuelas semiprivadas, para ofrecer mejores opciones a las familias.
Klein y una decena de otros secretarios de educación municipal reiteraron esta visión en octubre pasado en un artículo de opinión colectivo en el Washington Post, donde afirmaron que los cambios transformativos requeridos para verdaderamente preparar a nuestros jóvenes ante la economía global del siglo XXI simplemente no se realizarán si no nos deshacemos primero de prácticas enraizadas que han estancado a nuestro sistema educativo, prácticas que han favorecido a los adultos, no a los niños. Afirmaron que más que cualquier otro factor, el principal freno al éxito de los estudiantes es la calidad de sus maestros, y proponen aplicar normas empresariales que ante todo evalúen la eficacia de los profesores.
Bloomberg, el hombre más rico de Nueva York, colocó la reforma de la educación como tarea central de su gobierno, la cual ha sido elogiada por sus resultados, tanto por el ex presidente George W. Bush; el ahora mandatario, Barack Obama, y su secretario de Educación federal Arne Duncan. Ante el anuncio del retiro de Klein, Duncan expresó que pocos líderes han hecho tanto para hacer avanzar la educación en esta última década como el secretario de Educación: Joel Klein. Durante ocho años, el alcalde y Klein, junto con sus simpatizantes en Washington han elogiado sin césar el éxito de sus reformas y presentado a Nueva York como el modelo a seguir por la nación y por otros países.
Pero algo curioso sucedió en el camino al éxito, después de años de festinar grandes mejorías en las calificaciones en los exámenes, todo fue puesto en duda en junio, cuando el Departamento de Educación de Nueva York, que administra los exámenes estandarizados, fue obligado a admitir que dichas pruebas tenían fallas, lo cual implicaba que las calificaciones reportadas y celebradas por Klein y Bloomberg resultaban infladas, o sea, los avances que supuestamente registraban los alumnos de la ciudad por la reforma, de 2002 hasta la fecha, eran casi inexistentes. Ningún alto funcionario, incluyendo el alcalde, ha rendido cuentas sobre lo que en efecto fue un engaño a los alumnos, maestros y padres sobre las mejoras en la educación, proclamadas tanto en esta ciudad como a escala nacional.
Todo empezó en 2002, cuando los reformadores tomaron la ofensiva al declarar que era intolerable el fracaso del sistema e implementaron una serie de medidas, cuyo objetivo era mejorar el desempeño escolar con base en exámenes estandarizados, por los cuales serían evaluados alumnos, maestros y directores. Toda oposición fue descalificada y acusada de proteger los privilegios de los maestros. En efecto, la punta de lanza fue el linchamiento contra los maestros y su sindicato. Este es un sistema que funciona para los adultos y no para los niños, declaraban Klein y su jefe Bloomberg, en alusión directa a los docentes y sus conquistas sindi- cales. Klein, en un artículo publicado en el New York Daily News, en febrero, insistió en que los opositores a contar con más opciones para los estudiantes y sus familias, eran líderes sindicales que buscaban mantener el control.
Estamos viviendo los tiempos más oscuros para los maestros que jamás he visto en mi vida, comentó Bill Ayers, veterano profesor de primaria y uno de los teóricos educativos más reconocidos. Ayers señaló que los políticos y las juntas editoriales de los principales medios se han unido en un coro que acusa a los docentes de incompetentes y flojos, así como a sus sindicatos por el desastre educativo, y así han logrado acotar el debate como uno entre reformadores frente a los que defienden el statu quo.
En los pasados cinco años el ataque contra la educación pública se ha intensificado a un grado impensable hace 30 años, aunque señala que esto forma parte de una embestida iniciada en 1980 contra toda idea acerca de lo público, incluyendo las escuelas, comentó Ayers en entrevista reciente con Truthout.org
De hecho, 50 por ciento de los maestros que ingresan a la enseñanza en Estados Unidos desertan antes de cinco años, en gran parte por las condiciones laborales, pero también por desilusión y por un clima cada vez más hostil, mientras trabajan con cada vez menos recursos. Decenas de conversaciones de La Jornada con maestros de Nueva York hacen explícita la ira y el desencanto. Muchos veteranos viven contando los días que les faltan para jubilarse, mientras cantidad de nuevos maestros ya buscan la forma de salirse del sistema.
En Nueva York, Klein y sus reformadores promovieron la capacitación rápida de nuevos maestros y directores, quienes fueron colocados en cientos de nuevas escuelas pequeñas; toda una generación magisterial que con poca experiencia, obediente y capacitada en las nuevas normas, impulsa el flamante modelo mientras desplaza a los maestros con mayor antigüedad, vistos como enemigos si no se sumaban, sin protesta, a la reforma.
Pero la joya de la corona de estos cambios fue la promoción, tanto en esta ciudad como en el resto del país, de las llamadas escuelas charter, que son planteles públicos administrados por grupos privados. Existen casi 100 en la ciudad de Nueva York (el alcalde desea duplicar esta cifra), y más de 4 mil 600 en todo el país. Estas son presentadas por Obama, Bloomberg y otros, como clave para la salvación de la educación pública.
Pero como señala Diane Ravitch, una de las figuras nacionales más influyentes en el debate sobre el tema, profesora en la Universidad de Nueva York y ex subsecretaria de Educación del gobierno federal, las charter son una fuerza de privatización de la educación pública.
Este tipo de planteles, financiados por el erario, no tienen que funcionar con las mismas normas de otras escuelas públicas, suelen seleccionar a sus alumnos (en lugar de aceptar a todos), lo cual les permite ofrecer mejores resultados, sus maestros pueden no estar sindicalizados, por tanto, carecen de derechos laborales y pueden aceptar inversiones privadas, lo que permite que establezcan otra reglamentación, alguna en beneficio de proveedores de servicios y equipo, e incluso operan como empresas con fines de lucro. Parte de sus directores ganan más que el presidente de Estados Unidos.
Las escuelas charter son impulsadas por distintas organizaciones, pero sus principales promotores son algunos de los individuos más poderosos del país. El secretario de Educación de Estados Unidos, Arne Duncan, en su programa nacional de reforma, Race to the Top (Carrera hacia la cima), impone a entidades que desean competir por miles de millones en fondos federales a la educación, la condición de tener más escuelas charter, así como aplicar más exámenes estandarizados.
Bill Gates –el hombre más rico del país, y segundo más acaudalado del planeta– también promueve este tipo de reforma por conducto de su fundación. Pero el grupo más activo en promover las escuelas charter –incluso financiando campañas electorales de políticos que pongan el asunto como prioridad en sus propuestas– son administradores de los fondos de especulación financiera conocidos como hedge funds. Los 25 ejecutivos más exitosos de estos fondos tuvieron ingresos de 25 mil millones en 2009, en plena crisis, un total que podría financiar el salario de 658 mil nuevos maestros, calcula el economista Les Leopold.
La película Esperando a Superman, dirigida por Davis Guggenheim, el mismo que hizo la famosa película de Al Gore, Una verdad incómoda, sobre el cambio climático galardonada con el Óscar, es tal vez la cinta de propaganda más potente de este movimiento reformista, con un elogio a las escuelas charter y la condena a las escuelas tradicionales. Sin embargo, la película oculta algunas verdades inconvenientes en su argumento en favor de este tipo de planteles semiprivados. Según una amplia investigación realizada por expertos de la Universidad de Stanford, sólo 17 por ciento de las charter eran mejores que las escuelas públicas tradicionales, según se desprende de los resultados en los exámenes estandarizados; 37 por ciento eran peores en comparación, y 46 por ciento eran prácticamente iguales.
Sin embargo, como señala Ravitch, la poderosa maquinaria de propaganda en favor de las charter como centro de las iniciativas de reforma, incluyendo esta película, las presentan como la “una única esperanza para el futuro de nuestra sociedad, especialmente para niños negros y latinos pobres…”
Parte de este guión de los reformadores, agrega Ravitch, es que por fin hay a quién culpar por el deterioro de la economía, los problemas de competitividad global, el debilitamiento del poderío estadunidense y el hecho de que los jóvenes no están estudiando al mismo nivel que sus contrapartes en otros países: no es la globalización o las prácticas financieras o la pobreza y la desigualdad, sino las escuelas públicas, sus maestros, y sus sindicatos.
Para Ravitch, el enorme poder financiero y político de los promotores de estas reformas –desde Wall Street a Washington–, presentan un serio desafío a la viabilidad y futuro de la educación pública.
La profesora argumenta que el gran debate en torno a la enseñanza ahora es entre aquellos que “creen que la educación pública no es sólo un derecho fundamental, sino también un servicio público vital… y aquellos que creen que el sector privado siempre es superior al sector público”. Dice que estos segundos ofrecen opciones de libre mercado y privatización, pero que “todas sus respuestas requieren de un traslado de fondos públicos al sector privado.
El crack del mercado de valores de 2008 debe ser suficiente para recordarnos que los administradores del sector privado no tienen un monopolio sobre el éxito”, escribió en el New York Review of Books.
Verdades incómodas
Escuelas semiprivadas, lucrativo nicho de mercado
David Brooks
Corresponsal
El sector público es el nuevo negocio, enfocado ahora al mercado de la educación, que siempre ha sido lucrativo para proveedores de libros de texto y servicios de todo tipo, pero ahora, junto con las reformas, se producen nuevas oportunidades. Con énfasis en los exámenes estandarizados y evaluaciones de las operaciones escolares en decenas de rubros, hay nuevos contratos para los que desarrollan las pruebas y monitorean los sistemas de evaluación, con el uso de nuevas tecnologías informáticas.
Esto crea un nuevo mercado. Con el enfoque en educar para y por el examen, empresas dedicadas a apoyar a estudiantes frente a las pruebas están ganando millones de dólares. De hecho, la empresa Kaplan, que ofrece este tipo de servicios educativos, es tan lucrativa que ahora es la parte más rentable de su empresa matriz, la Washington Post Company. La matriz del rotativo antes se definía oficialmente como una empresa de medios y educación, pero ahora es al revés.
Mientras tanto, según revela el Daily News, el Departamento de Educación de Nueva York pagó 21 millones de dólares durante dos años a Champion Learning Center para apoyar a miles de estudiantes de escuelas públicas, y es sólo una de decenas de empresas que se dedican a esto en todo el país.
Por otro lado, además de los ejecutivos de los hedge funds, banqueros y otros financieros, existe una provisión federal poca conocida que permite grandes ganancias para los que financian escuelas charter, reveló el columnista Juan González en el Daily News. El programa New Markets Tax Credit es tan lucrativo, reporta, que un prestamista puede duplicar su inversión en siete años. Tan atractivo es el negocio que JP Morgan Chase anunció que está creando un fondo de más de 300 millones para aprovechar este mercado.
Una escuela no es como un negocio, la metáfora del mercado que está dominando el tema va contra lo más importante de las escuelas. Esta es la tragedia real para los maestros: la educación es como el amor. Lo puedes dar todo y aún tener mucho, puedes compartir todo el conocimiento que tienes y no perder nada, excepto si esto ocurre en un sistema donde una escuela es juzgada contra otra escuela, un aula contra otra aula, argumenta Ayers, al referirse a todo lo que implica esta idea de competencia detrás de las reformas actuales.
Tal vez los reformadores deberían preguntar a los maestros y no a los empresarios sobre la definición de educación. Para algunos es más que preparar a la próxima generación de trabajadores para competir en la economía global, o un negocio. La educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma, afirmó John Dewey, filósofo de la enseñanza.
Educación: el designio privatizador
En la década reciente, en Nueva York, la educación pública ha experimentado un giro cualitativo en su manejo y objetivos: la enseñanza ha dejado de ser vista como derecho para convertirse en oportunidad de negocio; los docentes han pasado a ser empleados que persiguen el éxito de sus clientes –los estudiantes–, y el papel de las autoridades educativas está en proceso de reducirse, en el mejor de los casos, a meras funciones administrativas. El vínculo visible entre estas últimas y el sector empresarial es el todavía secretario de Educación de esa ciudad, Joel Klein, ex abogado en Wall Street y futuro vicepresidente de News Corp, la trasnacional de medios dirigida por Rupert Murdoch. Por su parte, la nueva titular de la dependencia, Cathleen Black, cuenta con amplia experiencia en gestión empresarial, que incluye su paso por las juntas directivas de IBM y Coca-Cola, así como su desempeño como ejecutiva en jefe de la empresa de revistas comerciales Hearst Magazines.
Así pues, aunque el discurso oficial insista en que la reforma educativa impulsada por el alcalde neoyorkino Michael Bloomberg persigue el beneficio de la niñez de esa ciudad, es claro que lo que se desarrolla ahí es parte de un proceso de privatización de la educación que cuenta entre sus principales beneficiarios e impulsores a empresarios y especuladores financieros. El logro más destacado de este proceso es la proliferación de las llamadas “escuelas charter”, centros de enseñanza semiprivada que en no pocos casos operan como instituciones con fines de lucro y dejan cuantiosas ganancias a operadores particulares.
La circunstancia descrita cobra especial relevancia si se toma en cuenta que Nueva York ha sido, en diversos momentos del pasado reciente, un laboratorio del neoliberalismo y de los procesos de infiltración de los intereses privados en la esfera pública: así ocurrió en los años siguientes a 1975, cuando a la declaratoria de bancarrota de la ciudad siguió un proceso de restructuración a gran escala que acabó por obedecer a las necesidades y los gustos del poder financiero, a cambio del sacrificio de las mayorías. Tal proceso se reproduciría posteriormente en otros países, incluido el nuestro. Según puede verse, eso mismo ha venido ocurriendo en el ámbito de la educación, y con similares argumentos: la identificación de una crisis, la ubicación de sus causas –en este caso, la ineficiencia de los docentes y de la enseñanza pública– y la reivindicación de los valores y las fórmulas del sector privado como solución a los problemas.
Estas consideraciones resultan particularmente preocupantes para nuestro país, pues se ha buscado adoptar, en años recientes, políticas educativas que son una calca de las aplicadas en Estados Unidos. Una muestra de ello es la denominada Alianza por la Calidad de la Educación, acuerdo que guarda grandes similitudes con la legislación estadunidense No child left behind (Que ningún niño se quede atrás): la más relevante es el afán de imponer la aplicación de pruebas estandarizadas como mecanismo de evaluación para el desempeño educativo, valoración que ha sido descalificada por especialistas mexicanos y estadunidenses en la materia. Por lo que hace a la participación de la iniciativa privada, es evidente el creciente protagonismo, en nuestro país, de organismos financiados por intereses particulares que buscan imponer su agenda en materia educativa, para lo cual se valen de diagnósticos y argumentaciones similares a las de sus contrapartes estadunidenses.
Nadie puede negar las deficiencias que aquejan al país en materia educativa ni puede soslayarse la cuota de responsabilidad que corresponde a la cúpula antidemocrática que controla el sindicato magisterial. Pero la atención de esos y otros problemas pasa por un viraje en el modelo económico depredador aún vigente, corregir las desigualdades socioeconómicas, introducir factores de racionalidad y bienestar en la economía y, sobre todo, terminar con el abandono presupuestario con que las recientes administraciones han condenado a los ciclos de enseñanza a cargo del Estado. En tanto las propuestas empresariales no toquen esos puntos, la sociedad tiene razones de sobra para sospechar y para ver en ellas no un afán de mejoramiento educativo, sino un designio privatizador.



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Mahatma Gandhi: factores que destruyen al hombre
Mahatma Gandhi, el célebre pacifista y líder hindú, en una ocasión le preguntaron ¿cuáles eran los factores que destruyen al hombre?. Él respondió así:
· La Política Sin Principios,
· La Riqueza Sin Trabajo,
· Los Negocios Sin Moral,
· La Sabiduría Sin Participación,
· La Ciencia Sin Humanidad,
· El Placer Sin Responsabilidad,
· La Oración Sin Solidaridad.

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